En el mundo de la deep tech, donde la complejidad técnica a menudo opaca el propósito, hay proyectos que brillan por una razón distinta: su capacidad para unir una ciencia pionera con un impacto humano tangible.
El proyecto de Visión Táctil Abdominal, liderado por el doctor Tomás Ortiz, es uno de ellos. No nació en un laboratorio aislado, sino de una conversación alrededor de un café entre científicos e ingenieros, con una inquietud social compartida: mejorar la vida de las personas ciegas.
Aquella charla informal fue el germen. “No había una inquietud científica al inicio, había verdadero interés por mejorar la calidad de vida de esas personas”

La ciencia del aprendizaje: ¿por qué el cerebro nunca deja de asombrarse?
La pasión de Tomás Ortiz por aprender se basa en un hallazgo fascinante: “El cerebro, desde el nacimiento, está preparado para aprender mediante la multiestimulación”. Esta capacidad de integrar múltiples sentidos es la clave que su equipo aprovecha y fundamenta la tecnología, que busca crear una nueva vía de percepción.
El camino no ha estado exento de obstáculos. Los ingenieros del proyecto identifican dos grandes retos: “Integrar sonido, imagen, profundidad y procesamiento para traducirlo al tacto” fue el primero. El segundo, aún en desarrollo, es “miniaturizar todo el equipo, hacerlo cómodo y ligero”.
La solución abdominal misma es una innovación clave: a diferencia de la lengua o las manos, el abdomen no interfiere con la vida diaria, ofreciendo una ventaja ergonómica única.
El activo más valioso: un equipo unido por la pasión
Cuando se le pregunta por lo más valioso, la respuesta va más allá de la técnica. Ortiz destaca el aprendizaje de colegas de otras áreas y la sinergia del equipo. Este sentimiento es recíproco.
Desde Bolboreta Innova Group, Pati Omaña, coordinadora del proyecto, comenta: “La parte humana de este proyecto es justo lo que nos hace diferenciales. Hacemos ciencia con conciencia”.
El valor del acompañamiento de BIG Impulsa se resume en una palabra: personas. “Al margen de la parte económica… es el entusiasmo y la pasión que han puesto”, afirma Ortiz.
Un horizonte lleno de color y nuevas aplicaciones
Los objetivos científicos son ambiciosos y esperanzadores. El Dr. Ortiz persigue dos grandes metas: “Conseguir que niños recién nacidos generen una vía nueva que les permita ver físicamente” y, a largo plazo, “que estas personas pudieran ver en colores”.
Además, la tecnología siembra un camino para tratar otras patologías, ya que “el tacto podía ser clave para recuperar muchas funciones cognitivas, emocionales y sociales”.
Ciencia con conciencia para un mañana mejor
Este proyecto encarna la convicción de que la inversión en ciencia es una inversión en el mañana. Como reflexiona Itzal Urbide, CEO de Bolboreta Innova, “Los científicos son uno de los activos más valiosos. La única forma de tener un mañana mejor pasa por invertir en soluciones como esta”.
Es un recordatorio poderoso de que, cuando la tecnología se guía por un propósito humano profundo, no solo avanza la ciencia, sino que se ilumina la vida de las personas.
Disfruta de la entrevista completa con Ortiz y su equipo aquí: pincha aquí.
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