Entrevista con Criptan: Cómo construir una startup, enamorar inversores y no rendirse nunca

La historia de la ciencia y el emprendimiento tecnológico se ha construido a lo largo del tiempo en todo tipo de espacios, desde garajes a laboratorios, pero también desde la exclusión de mujeres que impulsaron la ciencia contra todo pronóstico.
Desde el desarrollo de software hasta el venture capital o los últimos avances en biotecnología, el papel de la mujer es estructural en el ecosistema global.
En este artículo, te proponemos un viaje breve pero poderoso a los momentos que han redefinido el liderazgo femenino en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, del inglés Science, Technology, Engineering and Mathematics) y en las startups, conectando pasado, presente y futuro.

A pesar de la invisibilización sistemática que ha sufrido la mujer en la ciencia, figuras como Ada Lovelace, considerada la primera programadora de la historia, Grace Hopper, creadora de los primeros compiladores, o Rosalind Franklin, clave en el descubrimiento de la estructura del ADN, sentaron las bases del actual liderazgo femenino en tecnología.
El legado de estas pioneras STEM conecta con desarrollos posteriores como el Ferranti Mark 1 , cuyo manual de uso fue escrito por Mary Coombs, o avances en redes como el Spanning Tree Protocol (STP) de Radia Perlman.
En España, contamos con referentes como Margarita Salas, esencial en la biología molecular, o Ana Lluch, en oncología, lo que refuerza el posicionamiento femenino en la ciencia en nuestro país.
Institucionalmente, iniciativas como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11F) o programas como STEM España contribuyen de manera cada vez más sólida a visibilizar esta transición.
Sin embargo, la brecha de género en ciencia sigue siendo un reto estructural si nos atenemos a los datos de organismos internacionales como la UNESCO, que revelan que las mujeres científicas representan apenas un tercio de los investigadores a nivel global.
Aunque la representación femenina logra mantenerse en torno al 42 % en cuanto al personal académico y los mandos medios de investigación, la cifra cae considerablemente a medida que se avanza en la jerarquía profesional.
De hecho, en las cátedras, direcciones de institutos y puestos de alta toma de decisiones en ciencia y tecnología, el porcentaje de mujeres se sitúa entre el 24 % y el 26 %, tal y como constatan las métricas de artículos como el de Farina et al. (2023).
En 1946, el lanzamiento del ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Computer), el primer ordenador digital de propósito general, marcó un punto de inflexión en la historia de la tecnología.
Detrás de esta innovación se encontraban las ENIAC Programmers, un grupo de 6 mujeres matemáticas encargadas de programar la máquina: Betty Snyder, Betty Jean Jennings, Ruth Lichterman, Kathleen McNulty, Frances Bilas y Marlyn Wescoff.
Estas “ENIAC women”, o “chicas ENIAC” en español, transformaron la participación de las mujeres en el desarrollo de software, aunque su reconocimiento llegó décadas más tarde.
Sea como sea, este hito de la mujer en la ciencia sentó las bases de la cultura startup actual, donde la ventaja competitiva reside en la capacidad técnica, suponiendo una transición desde roles invisibles hacia posiciones de liderazgo femenino en tecnología, creando así entornos más inclusivos.
Si nos centramos en la biotecnología reciente, el descubrimiento y patentado de CRISPR en 2012 por Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier revolucionó la edición genética. Su trabajo demostró de manera contundente cómo la investigación científica puede convertirse en impacto económico y empresarial.
Este fenómeno no es un hecho aislado: cada vez más investigadoras participan en la transferencia tecnológica y en la creación de empresas deep tech.
De hecho, el auge del emprendimiento científico está transformando las dinámicas de innovación. En Europa, investigadoras como Carmen García o Matxalen Uriarte están participando activamente en esta transformación.
Este tipo de trayectorias contribuye a consolidar un ecosistema donde las patentes, las salidas a bolsa científicas o IPO (del inglés Initial Public Offering) y las rondas semilla o seed comienzan a incorporar mayor presencia femenina, aunque todavía de forma desigual.
Si bien es cierto que el acceso de capital ha sido un obstáculo histórico, la última década ha sido testigo de redes como Pipeline Angels (2010) o Astia Angels, que se centran en impulsar el venture capital femenino como ventaja competitiva.
Un símbolo de este cambio podemos verlo en el caso de Whitney Wolfe Herd, emprendedora estadounidense y fundadora de Bumble, empresa que en 2021 salió a bolsa con éxito.
Eventos como el Female Founders Day en Madrid o iniciativas del ecosistema español, como la Escuela de Organización Industrial (EOI), Red.es o Startup Valencia, dinamizan la transformación conectando a través de sus programas talento femenino, inversión y visibilidad.
El futuro del emprendimiento científico y tecnológico va a estar marcado por la convergencia entre ciencia, ética y sostenibilidad, en concreto proyectos de inteligencia artificial ética, biotecnología verde o energías limpias están siendo liderados cada vez por más mujeres.
Esta nueva ola se refleja en propuestas como Qilimanjaro Quantum Tech con Marta Estarellas como CEO de un proyecto que combina innovación científica con impacto social.
Redes de comunidades como #EllaEsCiencia o eventos especializados refuerzan el cambio cultural hacia un modelo de liderazgo femenino más inclusivo y sostenible, que haga frente al reto de consolidar la influencia de las mujeres en la toma de decisiones estratégicas.
Estos avances muestran el camino que se está recorriendo, donde la ciencia en femenino no termina en el laboratorio, sino que se integra en ecosistemas que conectan investigación, inversión y desarrollo tecnológico, como el que promovemos en Bolboreta Innova Group a través de iniciativas como Bolboreta Investiga.
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