Las patentes protegen invenciones técnicas que resuelven un problema concreto. Para un científico emprendedor en tecnología profunda o deep tech, esto se traduce por transformar años de I+D en un derecho de exclusividad temporal capaz de convertirse en tu mejor barrera de entrada, un activo negociable y el argumento clave en una due diligence de capital riesgo.
Publicar un paper, presentar en un congreso científico o subir un preprint antes de proteger la invención puede destruir la novedad y cerrar definitivamente la vía de patentabilidad.
Esta guía práctica está pensada para ayudarte a decidir qué proteger y cuándo hacerlo, qué vía encaja mejor con tu plan de negocio y cómo leer una patente desde un enfoque estratégico y de inversión.

¿Qué es una patente y qué no lo es?
Una patente es un derecho exclusivo que concede de manera temporal una oficina – como la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) o la Oficina Europea de Patentes en Europa – a cambio de divulgación de una invención nueva, con actividad inventiva y aplicación industrial.
Puedes verlo como una suerte de trato: describes cómo funciona tu invención en la memoria descriptiva, planteas las reivindicaciones, y obtienes exclusividad de explotación donde se concede.
Y ¿qué se patenta? Las invenciones técnicas con aplicación práctica, como:
- Una molécula nueva con uso terapéutico.
- Un método de diagnóstico.
- Una herramienta de edición genética.
- Un nuevo material biodegradable para suturas, etc.
No obstante, no se pueden proteger ideas, descubrimientos, teorías o resultados científicos en abstracto.
Fíjate en este ejemplo: descubrir una proteína que existe en la naturaleza no es patentable porque es un descubrimiento. En cambio, diseñar un método para usar esta proteína en diagnóstico o un nuevo fármaco basado en ella sí lo es. Ocurre lo mismo con los algoritmos: un algoritmo matemático en abstracto no es patentable, pero sí lo es su aplicación concreta en un proceso o un dispositivo.
Para que una invención sea patentable debe cumplir 3 requisitos esenciales:
- Novedad: no debe haber sido divulgada al público antes de la fecha de solicitud, ni en papers, preprints, charlas, congresos, etc.
- Actividad inventiva: no debe ser una solución obvia para un experto en la materia, debe representar un avance técnico.
- Aplicación industrial: la invención debe poder ser fabricada o utilizada en algún tipo de industria o práctica clínica.
Patente vs. secreto industrial
El dilema que se plantea es el de divulgar para proteger (patente) frente a ocultar para proteger (secreto industrial).
Por un lado, la patente proporciona exclusividad fuerte y oponible ante terceros. A cambio, tu invención se hace pública, tiene una duración limitada y conlleva un coste (tasas, anualidades y honorarios del Agente de la Propiedad Intelectual).
Por su parte, el secreto industrial no se registra ni paga anualidades y dura hasta que se descubre, pero cae ante el desarrollo independiente o la ingeniería inversa.
Entonces, ¿cómo puedes saber cuál elegir? Puedes aplicar una regla sencilla:
- Patenta lo que sea fácil de reproducir en cuanto llegue al mercado (un nuevo fármaco, un reactivo o un componente de hardware).
- Mantén secreto aquello que sea difícil de descifrar desde fuera, como el know-how de proceso o los algoritmos internos de tu software.
¿Por qué interesa la vía europea?
Optar por la vía europea para patentar puede jugar a tu favor por tres razones clave:
- Sello de calidad e inversión: el examen de la EPO es uno de los más exigentes del mundo en novedad y actividad inventiva, por lo que la patente que lo supera llega más sólida al mercado. Sumado a ello, para un inversor de capital riesgo, no deja ser una señal de calidad.
- Eficiencia de costes: un solo proceso cubre cerca de 40 países por un coste semejante al de patentar 3 o 4 invenciones por separado.
- Confianza internacional: muchas oficinas nacionales se apoyan en el criterio de la EPO, lo que facilita y agiliza la extensión de tu patente a otros continentes.
Existe la patente con efecto unitario, que permite cubrir con un solo título y una única anualidad a los países de la UE que participan en el sistema. Aunque España no forma parte del Acuerdo sobre el Tribunal Unificado de Patentes (UPC), el título de patente unitario sí tiene efecto en España. No obstante, para muchos titulares españoles sigue siendo habitual la vía clásica de validación nacional, especialmente si se quiere mantener la opción de litigar ante los tribunales nacionales.
¿Por qué una patente importa a un científico-emprendedor?
Una patente es ante todo una barrera de entrada, pero no es un muro infranqueable. La competencia hará números y sopesará si es rentable infringir o rodear esa barrera. Ahí radica su poder: una patente fuerte obliga al “gigante” a sentarse a negociar.
Con el ejemplo del famoso “Caso Fractus”, una spin-off de la Universitat de Catalunya que se estudia en las escuelas de negocio internacionales, lo vas a entender mejor.
Gracias a sus patentes de antenas fractales, esta spin-off de la UPC consiguió que uno de los mayores fabricantes de smartphones del mundo acabara pagándole una indemnización de 41 millones de dólares, y su modelo de licencias ha generado más de 250 millones de dólares en regalías. Un caso que demuestra que una patente bien construida puede ser el activo que salve a una pequeña pyme
En definitiva, la patente es tu principal activo de negociación:
- Puedes obtener una monetización directa: ceder su uso mediante una licencia a cambio de royalties (u otras contraprestaciones como un pago inicial o por hitos), venderla o aportarla como capital no dinerario a la tabla de capitalización de tu startup.
- Es una señal inequívoca de madurez: un fondo deep tech va a ponderar tu cartera tecnológica para valorar la empresa, y en sectores como biotech, medtech o cleantech el portfolio de patentes es el foso defensivo o moat que el inversor va a examinar con lupa en una due diligence técnica.
¿Por qué hay que patentar antes de publicar?
El estado de la técnica es todo lo accesible al público antes de tu solicitud: desde papers y charlas en un congreso, a una tesis depositada o una patente ya publicada. Cualquiera de estos formatos destruye la novedad de tu invención, incluso si procede de tu propio equipo de investigación.
En España, el artículo 21 de la Ley 24/2015 de Patentes regula las invenciones del personal investigador en universidades públicas y organismos públicos de investigación. Obliga al investigador a comunicar la invención a su entidad en un plazo de tres meses y prohíbe publicar el resultado patentable antes de solicitar la patente o antes de que cumpla el plazo.
¿Cuándo hay que patentar?
El punto óptimo para patentar suele encontrarse en un nivel de madurez o TRL (del inglés, Technology Readiness Level) 3-4, con una prueba de concepto sólida.
Piensa que patentar demasiado pronto supone asumir costes sin un caso de negocio claro, y hacerlo demasiado tarde, te puede hacer perder la novedad.
Sea como sea, no te fíes del periodo de gracia de 12 meses que ofrecen países como los Estados Unidos si publicas tu tecnología antes de solicitar la patente, porque en Europa y en la mayor parte del mundo este periodo no existe.
Nuestro consejo: antes de enviar el paper a revisión por pares, consulta con un agente de patentes o con tu Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) u Oficina de Transferencia de Conocimiento (OTC).
¿Cómo se articula el registro de una patente?
El proceso de solicitud de una patente puede resumirse en cuatro grandes hitos:
- Búsqueda de anterioridades: rastrea bases de datos como Patentscope o Espacenet para realizar un análisis panorámico del estado de una tecnología a partir de la información de patentes publicadas en un área concreta.
- Redacción: prepara la memoria descriptiva, añadiendo dibujos, resumen y reivindicaciones. Normalmente se hace de la mano de la OTRI/OTC o de un agente especializado.
- Solicitud y prioridad: La fecha de prioridad fija el momento a partir del cual se evalúa tu novedad. Una vez solicitada la patente (y fijada la prioridad), ya puedes divulgar tu tecnología con seguridad, porque tu solicitud prevalece sobre cualquier publicación posterior. Además, la prioridad te da 12 meses para decidir en qué países extiendes tu protección (vía PCT o nacional).
- Publicación y examen: la solicitud se hace pública a los 18 meses. Tras superar el examen técnico, la patente te será concedida.
¿Qué vías existen para solicitar una patente?
Para solicitar una patente tienes tres caminos: la solicitud nacional ante la OEPM, la patente europea ante la EPO y la solicitud internacional PCT (WIPO/OMPI).
Esta última no concede una patente, pero te da unos 30 meses desde la prioridad para elegir en qué países proteger, un tiempo clave mientras cierras la ronda seed o validas el producto.
Veamos cuándo conviene cada vía mediante la siguiente tabla:
| Vía | Cuándo conviene | Coste relativo |
|---|---|---|
| OEPM (nacional) | Mercado centrado en España. Sirve para validar antes de escalar. | Bajo |
| Europea (EPO) | Prospección europea. Es una señal de solidez para el inversor. | Medio-alto |
| PCT | Estrategia global o decisión abierta. Sirve para ganar tiempo. | Aplaza el gasto fuerte |
En todo caso, cabe señalar que no se trata de una elección jurídica, sino de plan de negocio porque la estrategia de explotación que elijas (vender, licenciar o explotar en exclusiva) condiciona qué vía conviene, qué países blindar y qué coste asumir.
¿Cuánto cuesta una patente y cuánto tarda?
El esfuerzo económico y los plazos para registrar una patente dependen del perfil del titular y de la estrategia geográfica que elijas.
Los costes pueden ser asumidos por:
- Inventor independiente o startup: asume los costes de redacción, tramitación, tasas y anualidades a cambio de retener el 100 % de la titularidad. En fases semilla (seed), este gasto suele cubrirse con deuda para startups (venture debt), en lugar de vender acciones de la empresa (equity), evitando así perder el control del negocio antes de tiempo.
- Científico institucional (universidad o CSIC): normalmente, la institución asume la titularidad y la OTRI/OTC paga los costes a cambio de un reparto de royalties con el investigador. Las universidades públicas españolas tienen una bonificación del 50 % en las tasas de la OEPM (100 % si demuestran explotación comercial); el CSIC tiene su propio régimen de excepciones. Aquí el punto clave es negociar bien el porcentaje de las regalías y el control de las decisiones.
En la siguiente tabla puedes encontrar cifras orientativas de los costes de registrar una patente según la vía elegida, aunque debes considerar que suelen elevarse debido a los honorarios de redacción y del agente de la propiedad intelectual:
| Vía de protección | Tasas oficiales | Coste total estimado | Plazo de concesión |
|---|---|---|---|
| OEPM | 1 000 € – 1 500 € | Varios miles de euros | 2 – 3 años |
| EPO (europea) | Varios miles de euros | Decenas de miles (por traducciones y validaciones país por país) | 3 – 5 años |
| PCT + fases nacionales | Tramo más alto | Decenas de miles, según el número de países | Variable. Va a depender de cada oficina (la PCT no concede patentes) |
Además de estos gastos, una patente exige el pago de anualidades crecientes para mantener vigentes tus derechos de exclusividad. El coste es progresivo, pasando de unas pocas decenas de euros durante los primeros años a varios cientos de euros en la etapa final de su vida útil (un máximo de 20 años).
Freedom to operate: diferencia entre proteger y operar
A estas alturas del artículo hay una cuestión que merece precisarse: tener una patente no equivale a poder explotar tu invento libremente. Puede ocurrir que tu producto esté protegido por tus patentes y, aún así, puedes infringir patentes de terceros que siguen vigentes en tus mercados.
El análisis de libertad de operación o freedom to operate (FTO) se encarga de:
- Verificar patentes ajenas activas en tus mercados.
- Evaluar el riesgo real de infracción y detectar qué licencias puedes necesitar.
- Identificar cómo rediseñar tu tecnología para esquivar los derechos de la competencia.
Esta capa de seguridad es valorada por el inversor porque elimina la incertidumbre y confirma que tu ventaja competitiva es ejecutable. De hecho, en sectores regulados, como biotech o medtech, es un estándar de la due diligence técnica.
Errores frecuentes del científico fundador a evitar
Ahora que ya entiendes mejor qué es y cómo funciona una patente, es igualmente necesario abordar los errores que todo científico fundador debe evitar. Los principales son:
- Publicar antes de tiempo: la solicitud de una patente debe acompañar un plan de negocio que sostenga los costes.
- Confundir las figuras: el autor firma la publicación, el inventor aporta la solución técnica reivindicada y el titular es el propietario legal. Estas figuras no tienen por qué coincidir.
- No revisar la titularidad con tu universidad: si usas los medios de una institución la patente le pertenece. La ventaja es que asume los costes y la defensa legal, pero como inventor solo vas a percibir una parte de los beneficios, por eso es indispensable que lo negocies.
- Dejar pasar la prioridad internacional: recuerda que tienes 12 meses desde tu primera solicitud para extender la solicitud y abrir las puertas en otros países (ya sea vía PCT o patentes nacionales).
- Descuidar la vigilancia tecnológica: sigue a tus competidores y revisa las patentes en tu área con herramientas como Espacenet, Patentscope o Google Patents.
- No presupuestar las anualidades ni validar el freedom to operate antes de escalar.
¿Cómo leer una patente como activo comercial?
Ten presente ante todo que una patente protege una estrategia, no un paper. En el ecosistema inversor, la calidad de las reivindicaciones importa más que la narrativa científica.
La naturaleza y alcance de tu protección es lo que establece el valor de tu tecnología. Por esta razón, una patente bien diseñada mejora la negociación, las licencias y el fundraising.
A tenor de lo comentado, la transferencia tecnológica en una startup de deep tech es el puente indispensable que conecta el escalado con la comercialización, transformando el conocimiento del laboratorio en un negocio viable y escalable.
Traducir tus datos de I+D es una ventaja comercial competitiva que requiere un enfoque experto. En Bolboreta Investiga somos tu socio sólido para decidir qué proteger, cuándo hacerlo y cómo convertir una patente en un activo útil para crecer, licenciar o levantar una inversión trabajando en un cap table atractivo para el venture capital.
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