La inestabilidad geopolítica está reasignando capital del mercado. Mientras los grandes vehículos de buyout muestran un evidente enfriamiento desde 2022, el venture capital orientado a la ciencia ha resistido mejor al ajuste del mercado y ha captado un mayor interés relativo por parte de los inversores.
La financiación europea en deep tech, tal y como apunta The European Deep Tech Report 2026, se situó en torno a los 20 300 millones de dólares en 2025, apenas un 4 % por debajo de su máximo histórico, registrado durante el boom global de 2021.
Conviene precisar que el venture capital científico es un subconjunto del deep tech: financia tecnologías nacidas de la investigación fundamental, con frecuencia de origen universitario, en campos como la biotecnología, la física o los nuevos materiales. En cambio, el deep tech abarca un espectro más amplio de la innovación tecnológica.
La inestabilidad global ha abierto una nueva dinámica de asignación de capital, que se ha desplazado hacia donde la ciencia es una ventaja competitiva clara en áreas como la inteligencia artificial avanzada, la computación cuántica, y la defensa y soberanía tecnológica.

¿Por qué la inestabilidad geopolítica está activando al venture capital científico?
Las tensiones globales se han convertido en un factor detonante de una nueva tesis de inversión que podemos catalogar de defensiva-estratégica.
Europa ha tomado conciencia de que depender de proveedores externos en semiconductores, baterías, fármacos críticos o capacidades de defensa es un riesgo industrial, y ha decidido invertir en consecuencia desde un enfoque de reshoring tecnológico. Este procedimiento de relocalización tecnológica consiste en devolver el producto, componente o desarrollo de software a su país de origen, tras haberlo deslocalizado a otros países durante un tiempo.
En otras palabras, se está centrando en producir lo que durante décadas ha importado con ejemplos como la Ley de Chips Europea (Chips Act) y la apuesta por infraestructuras a gran escala de baterías e inteligencia artificial (IA).
En esa misma dinámica, los análisis sectoriales de Deep Tech Momentum apuntan a decenas de miles de millones de euros de inversión en la carrera europea por el despliegue de infraestructuras soberanas.
Esta situación se ve impulsada por los recientes marcos regulatorios de la Comisión Europea para acelerar la capacidad de supercomputación e inteligencia artificial.
En este escenario, la cadena de dependencia crítica funciona como un mapa de oportunidades de venture capital. Cada nodo de vulnerabilidad (tierras raras, fotónica integrada, GPUs, etc.) es una tesis potencial para fondos especializados en deep tech.
El venture capital como herramienta de soberanía tecnológica
El venture capital (VC) ha pasado de ser un actor financiero a desempeñar una función geopolítica y de seguridad nacional, actuando como validador de la independencia tecnológica regional.
Puedes verlo así: cuando un fondo respalda una spin-off universitaria de nuevos materiales o computación cuántica, no solo busca rentabilidad, está señalando una capacidad estratégica en las fronteras europeas.
Este movimiento se sostiene por la simbiosis público-privada, donde el capital público tira del privado. Programas como EIC Accelerator, Horizon Europe, las líneas CDTI o los préstamos participativos de ENISA actúan como señal de validación institucional y reductores de riesgo.
En esa dinámica, arrastran a fondos privados que antes evitaban estos sectores por sus largos ciclos de maduración.
El calado de este cambio es profundo: el European Investment Fund y el NATO Innovation Fund han reforzado su colaboración para movilizar capital privado hacia la defensa, seguridad y resiliencia del continente. El resultado se ha traducido en cifras: las startups europeas del sector levantaron un récord de 8 700 millones de dólares en 2025, según el informe conjunto de Dealroom y el NATO Innovation Fund.
Bajo esta premisa, los verticales prioritarios donde la ciencia define la ventaja competitiva son claros: defensa y tecnologías de doble uso (dual-use), salud y soberanía médica, transición energética e infraestructuras digitales críticas.
La aceleración del capital hacia la ciencia crítica
La urgencia estratégica está acelerando determinados procesos de decisión en las inversiones, e incrementando el número de vehículos especializados disponibles.
En el arranque de 2026 el mercado ha asistido al lanzamiento de nuevos fondos paneuropeos especializados en soberanía, tecnologías dual-use y deep science, respaldados por firmas de primer nivel que buscan liderar el ecosistema deep tech.
Las startups europeas de defensa, seguridad y resiliencia han crecido con fuerza en el último año, aumentando de forma notable su peso dentro del ecosistema deep tech europeo.
Ahora bien, es inevitable considerar que a este panorama inversor se impone una realidad técnica: los ciclos científicos en biotech, computación cuántica, nuevos materiales siguen siendo largos, aunque lo que ha cambiado es la disponibilidad de capital para sostener esta duración.
En estas circunstancias, el mensaje que se envía a los fundadores es el de la necesidad de una planificación estratégica sobre dos pilares básicos:
- Extender el runway financiero, es decir, maximizar el tiempo de funcionamiento de una empresa con su capital actual para no depender de urgencias a corto plazo.
- Anticipar las rondas seed, Series A y Serie B con mayor antelación de la habitual.
De esta manera, cuando la ventana se abre, el mercado y los inversores premian a quien llega mejor preparado.
La paradoja europea: mucho capital, poca ejecución en deep tech
La paradoja europea sigue vigente en 2026. Europa tiene fuerte base científica en universidades, centros como CERN o Max Planck Society, así como programas públicos potentes, como el European Innovation Council, pero sigue teniendo más dificultad que EE. UU. o China para escalar empresas deep tech.
La brecha con Europa no señala un problema de liquidez, pero sí de ejecución: persisten limitaciones en los incentivos y en la asunción de riesgo en fases avanzadas.
La causa principal apunta a que hace falta un ecosistema inversor con capacidad de evaluación tecnológica y fundadores suficientemente preparados para horizontes a largo plazo.
En ese contexto, Europa solo desplegó 66 200 millones de euros en VC en 2025, un 22 % del importe invertido en EE. UU., pese a contar con economías de tamaño comparable, según el Centre for Economic Policy Research. Lo que confirma que el desafío sigue siendo estructural, sobre todo en fases de escalado.
Sin embargo, el contexto español abre una ventana de oportunidad real para el ecosistema nacional, sus spin-off universitarias y sus clústeres tecnológicos, si consideramos hitos como el programa Innvierte Deep-Tech & Tech Transfer, dotado con 353 millones de euros conjuntamente por el CDTI y el Fondo Europeo de Inversiones para apoyar transferencia tecnológica y deep tech español en fases tempranas.
Para aprovechar este impulso, el éxito queda condicionado a la madurez del ecosistema evaluador de la inversión, para que la validación y el desarrollo de los proyectos tecnológicos avancen al mismo ritmo que el capital disponible.
¿Cómo posicionar un proyecto científico para captar el nuevo capital?
Actualmente, la estrategia de financiación eficaz se define mediante tres movimientos clave:
- Financiación híbrida: consiste en el uso estratégico de ayudas no dilutivas (como el EIC Accelerator, NEOTEC, líneas CDTI o Next Tech) combinadas con incentivos fiscales a la I+D+i y rondas privadas. El objetivo es diseñar un capital mixto que preserve el control de la empresa y alargue el runway financiero.
- Cultura de adaptación: a pesar de la volatilidad del entorno, es preciso mantener una velocidad de ejecución continuada. La capacidad de pivotar a nivel técnico y comercial es tan relevante como la profundidad científica.
- Retorno a los fundamentales: resulta imperativo demostrar tracción real, unit economics sólidos y datos propios contrastables. El modelo debe ser sostenible y atractivo para la inversión.
Ten presente este dato: según informaciones de Carta, solo el 15 % de las startups que levantaron una ronda seed en 2022 lograron cerrar sus Series A en los dos años siguientes, frente al 30,6 % de la cohorte de 2018.
La ventana se ha estrechado a la mitad en cinco años, y quien gana es quien llega mejor preparado a una financiación más exigente que busca crecimiento eficiente, control del gasto y un modelo de negocio financiero sólido.
¿Qué buscan los inversores en el nuevo venture capital científico?
La respuesta es clara: la inestabilidad geopolítica funciona como un filtro que selecciona los proyectos por su relevancia real, no por su novedad.
Para captar fondos debes diseñar una narrativa de inversión basada en la soberanía tecnológica y la eficiencia operativa, demostrando tres atributos esenciales:
- Solidez ante ciclos largos y alineados con los verticales de soberanía.
- Narrativa de impacto que conecte con la lógica estratégica europea, presentando la ciencia como instrumento de estabilidad y de paz, no solo de competitividad.
- Eficiencia operativa demostrada desde fases tempranas, no prometida para series posteriores.
En Bolboreta Innova Group trabajamos como decodificadores de estas exigencias del nuevo venture capital científico.
Optimizamos la estrategia de financiación y acompañamos a los equipos científicos desde la validación de hipótesis hasta el impacto en el mercado, con un único propósito: que la ventana de capital que Europa está abriendo a la ciencia crítica no se cierre antes de que tu proyecto esté preparado para atravesarla.
Si estás desarrollando un proyecto científico y quieres posicionarlo para este nuevo ciclo inversor, contáctanos. Podemos ayudarte a estructurar tu estrategia de financiación.
TE PUEDE INTERESAR
Entrevista con Criptan: Cómo construir una startup, enamorar inversores y no rendirse nunca

Jesús Neila se incorpora a Bolboreta Innova Group como nuevo IT Manager

Metaworld Congress 2025: Madrid acoge el gran encuentro del futuro digital, impulsado por Bolboreta Innova Group




